Como nunca antes el guerracivilismo está vivo en España, eso no es novedad. Partidarios de uno y otro bando desentierran hoy pasiones antes que cadáveres y traen una y otra vez un debate que ya debería estar superado, al menos si se hubiera resuelto bien en un principio. Pero está tan vivo que llegó al Apple Store en forma de aplicación para iPhone.
La aparición del iFranco (justo en el aniversario de la II República) no sólo vuelve una vez más a poner a rojos y fachas en los medios, sino que pone en portada una vez más el debate de la libertad de opinión. ¿Se debería pedir la censura del iFranco, una aplicación de pago en una tienda norteamericana?
No caben dudas de que Franco fue un dictador. No caben dudas de que fue un asesino. No caben dudas de que fue un golpista y que derribó un gobierno legítimo. Pero tampoco caben dudas de que los franquistas tienen todo el derecho a serlo, así como los comunistas (¡sólo faltaría!) tienen todo el derecho a defender la barbarie soviética o cubana… y nosotros, los demócratas, tenemos el deber de refutar (a unos y a otros) en cada manifestación en que pretendan vender sus ideas.
Por supuesto que escuchar un discurso de Generalísimo resulta un insulto a la inteligencia para cualquiera que haya leído algo de historia, pero: ¿no es acaso también un insulto escuchar a Santiago Carrillo o a Pilar Bardem y nadie pide que los prohiban? Si el iFranco es apología de la dictadura ¿acaso se le ha prohibido la apología del totalitarismo a Willy Toledo, cuando se dió el lujo de despreciar la memoria de Orlando Zapata diciendo que era un delincuente común y que mejor hubiera luchado si hubiese comido?
Me preocupa más que la Fundación Francisco Franco reciba dinero público que el hecho de que un software de 0,79 € ponga en la red la figura del dictador. No creamos mártires ideológicos, mucho más peligrosos que una app de un teléfono móvil.
Por mi parte solo felicitar a Isak Aldunce, el diseñador gráfico chileno que subió el programa al AppStore el polémico soft, porqué más que seguro se forrará, directa o indirectamente gracias a las misma censura o a los pedidos de censura. Se repite el caso del iMussolini, que fué un fenómeno de bajadas en Italia por la polémica que había creado y del que hoy ya ni se escucha.







