Corria el 2001, las torres aún estaban en su lugar, y mi amigo Gonzalo me preguntaba, mientras atacabamos un arroz negro en La Fonda de Barcelona: “no te da la sensación de que aquí (en España) en las empresas se hacen problemas por cosas menores, solucionables?”. Recuerdo que mientras miraba el vino en la copa pensaba que tal vez esa pregunta respondía a nuestro famoso espíritu de superación (tambien conocido como argento campeón del mundo), a aquel sentimiento por el que el solo hecho de ser argentinos, y lo que eso históricamente significaba, nos permitía menoscabar los problemas -laborales- de aquí, de allá y de donde fuera.
Y si así fuera: Gonzalo no tenía algo de razón?
Debo reconocer que no tuve oportunidad (aún) de trabajar en una empresa del Ibex35, por el grado de profesionalidad que -seguramente- debe encontrarse en estas compañías, de hecho ya ni estoy en España, pero si debo reconocer que con el tiempo he encontrado que, tal como decía Gonzalo, aquí (muchas veces) se hacen problemas en las empresas por temas menores. Y solucionables. Y que todo es motivo de reflexión y debate. Y que se debería analizar la situación y se deberían ver los pro y los contras… mientras nosotros (acertada o erróneamente) morimos por poner manos a la obra y sacarnos el problema de encima, o al menos intentar solucionarlo.
Será que toda una vida laboral en la Argentina menemista, donde el negociado estaba antes que el negocio y donde no importaban los recursos, ni el know how, ni la experiencia porque siempre habia alguien a quien arreglar nos creo una capacidad (por regla general) de ver no solo las oportunidades sino tambien las amenazas, los problemas y tambìén las soluciones? Será que aquella frase que ya cité, que la pobreza nos hizo creativos, nos ha generado un sexto sentido para un lugar predecible y coherente como Europa y que por eso, al menos en España, nos consideran a los argentinos “espabilados” (como se dice aquí), pero al mismo tiempo gente a la que tratar con cuidado y no confiables del todo?
Es innegable que se habla de nosotros más que de los uruguayos, de los paraguayos, de los ecuatorianos o de los colombianos como tales (en realidad de los colombianos si que se habla, pero debatirlo excederia un poco el objetivo de este blog), y que esto no es gracias a Calamaro y a Leonardo Sbaraglia. A veces creo, sinceramente y luego de vivir aquí hace ya casi 6 años, que el hecho de habernos formado en universidades surrealistas, con tasas de desocupación astronómicas, con reglas del juego poco claras, en definitiva: en medio de la ley de la selva, nos ha permitido, y nos permite, mirar las cosas desde otra perspectiva. Superadora.
Me encantaría saber si en otros paises de Europa los argentinos pueden tener esta sensación.
Me encantaría que así fuera.








