Se han acabado otras elecciones españolas, las segundas teñidas de rojo bajo un enorme impacto emocional. Mas allá de las preferencias que se tuvieran era muy difícil pensar en cualquier mayoría absoluta, incluso después del atentado, y el escenario de la España de hoy, luego del escrutinio, es de los malos el menos traumático: Zapatero deberá decidir entre plantear una negociación duradera con CiU, quien hará de seguro auditor, o volver a la política de las emociones fuertes buscando apoyos puntuales entre un grupo mixto formado por comunistas catalanes, republicanos y nacionalistas navarros, gallegos y canarios, quedando claro que la primera hipótesis garantiza la entrada de España en aguas mas tranquilas.
Podran hacerse innumerables lecturas sobre la revalidación de la Administración Zapatero, pero lo que ha quedado en blanco sobre negro es que, afortunadamente, los nacionalismos en general han perdido influencia y poder. Los catalanes, vascos y gallegos este domingo han hecho callar de una vez por todas a aquellos que tanto hablan de ese fantasma inexistente llamado “nacionalismo español”, definiéndose todos ellos, alto y claro, como españoles. Da testimonio de ello que 32 de los 47 escaños catalanes, 21 de los 23 gallegos y 12 de los 18 vascos representarán fuerzas estatales, más allá de las siglas. La otra buena noticia, no tanto para los nacionalistas, es la entrada al hemiciclo de UPD y de Rosa Díez.
En Cataluña era sabido que el PSC ganaría aunque presentaran un cactus como cap de llista: los catalanes no se han curado aún del síndrome de Estocolmo y volvieron a premiar a los políticos que más les han mentido. La estrategia del miedo al PP sirvió en una comunidad donde los conservadores son, a duras penas, tercera fuerza y, desde hoy el PSC, factótum de la victoria de Zapatero en Madrid, es mas parte componente e imprescindible del PSOE que nunca y Montilla lo hará valer. Ha llamado la atención también en Cataluña la excusa de la polarización y el bipartidismo presentado tanto por ERC como por IC-V ante sus fracasos estrepitosos. En idéntico escenario CiU ha sabido mantener su lugar, y hasta ganar un escaño, a fuerza de un programa basado en tender puentes hacia Madrid y no con fantasías de autodeterminación o con campañas más propias de Greenpeace que de un partido de gestión. Tanta bicicleta, papeles para todos, buen rollo y aborto gratuito y tanta cuenta regresiva hacia la independencia ha barrido con estos partidos, y eso es bueno en un momento en que los problemas que acosan al ciudadano no le permiten darse el lujo de prestar un voto a organizaciones como estas que, en el clímax de la desorientación, pretendieron minimizar la propia debacle con un espectáculo tan penoso como la celebración de la no-victoria presidencial del PP.
Ahora vendrán las rendiciones de cuentas. Probablemente Rajoy tendrá, tarde o temprano, su exilio dorado en el PP de Galicia mientras la figura de Esperanza Aguirre crece inexorablemente, siendo una inmejorable pre-candidata para el 2012 luego del 49,2% con que se ha lucido ayer. En Cataluña la tormenta que se cierne sobre ERC y el tsunami que barrerá con muchas de sus figuras será para no perdérselo. Y con Llamazares dimitido y con la soledad de Joan Herrera en el Congreso a los comunistas también les es necesario el camino de la reflexión si lo que pretenden es no desaparecer.
Mientras tanto, en Mondragón, hay otra familia destruida por la patria vasca. Cuando acaben los festejos, y con el nuevo escenario a la vista, tal vez el reelegido presidente de todos los españoles entienda que la vía del diálogo no es posible y que hoy, mas que nunca con la victoria socialista en Euskadi, es necesario profundizar la solución policial.