
A esta hora de la mañana, casi no encuentro noticias en ningún periódico español. Andorra, el pequeño país que además de montañas milenarias tiene un sistema político propio de la edad media, donde no sólo vota el 20% de la población sino que además los votos no valen lo mismo según donde vivan los votantes, elige hoy un nuevo gobierno con los socialdemócratas como favoritos, tras 10 años de gobierno liberal.
Intentaré hacer un pantallazo sobre el panorama, pero cabe una aclaración, un manual de instrucciones para neófitos en política andorrana: políticamente en el país de los Pirineos nada es lo que parece…
El Partido Liberal (PLA), actualmente en el poder y que podría llamarse de cualquier otro modo por no llevar en su programa casi ningún elemento que pudiera considerarse stricto sensu liberal, llega a estas elecciones en coalisión con grupos minúsculos de naturaleza local, debilitado tras una última legislatura donde su gobierno, liderado por Albert Pintat, fue torpedeado desde facciones internas del propio partido, entre otras cosas por haber apostado a políticas mas propias del mercado libre y a su deseo manifiesto de salir de la lista de paraísos fiscales, esto último mas por exigencias coyunturales que por convicción. Clasistas, proteccionistas con su economía, celosos de Europa y defensores del modelo de coprincipado episcopal, presentan como candidato al actual síndic, Joan Gabriel. El Partido Socialdemócrata (PS), partido homólogo al PSOE español o al PSC catalán, llega como favorito mas por ser la oposición natural que por sus propuestas, liderados por el abogado Jaume Bartumeu, el mismo político que ha perdido las últimas tres elecciones generales. Este partido no se ha animado a poner en su programa ni una muestra de los cambios sociales que ha propuesto en España ZP (aborto, homosexualidad, laicismo) probablemente más por miedo a perder apoyo en su propia facción conservadora. El tercer partido que se presenta es el de los Verdes (Verds d’Andorra) que, aunque mantiene vínculos con IC-V y ocupa el espacio de la centro-izquierda andorrana, son los únicos que apuestan por la entrada de inversion extranjera al país, el derecho a ejercer de los profesionales liberales españoles, franceses y portugueses y a acelerar las relaciones con Europa, reclamos que viene realizando desde hace más de un lustro. Los verdes también son los únicos que defienden explicitamente el derecho de los residentes a votar en las elecciones comunales y a bajar los años de residencia a 10 para pedir la nacionalidad, apostando por una plena integración con derechos y deberes de los extranjeros en el país, además de la plena equiparación de derechos de las minorías sexuales. Un cuarto partido es Andorra pel Canvi (ApC), un partido de diseño creado por una agencia de publicidad y financiado por una familia patricia andorrana, que juntó a muchos rebotados del PLA y fichó como candidato a un profesor de economía español nacionalizado hace un año, Eusebio Nomen. Este partido, que representa a la ultraderecha del panorama político de Andorra, llevó adelante una campaña con un discurso proteccionista y euroescéptico basado en el miedo al crack económico, apuntalada en una negación a la aplicación del IVA que, tarde o temprano, Europa impondrá. Cierra la oferta un nuevo partido muy pequeño de corte populista, Unión Nacional de Progreso (UNP), que se presenta de forma testimonial.
¿Quien ganará? Nadie puede hacer apuestas a ciencia cierta. Lo realmente positivo, y que queda fuera de toda discusión, es que quienes vivimos en este pequeño paraíso perdido en las montañas vemos como las circunstancias hacen más próximo el momento en que se convertirá en un País con mayúsculas, del que no haya que desmentir por sistema que es una cueva de blanqueadores de dinero de terroristas o delicuentes, como lamentablemente me ha tocado explicar a mi mismo en mas de una oportunidad, estando fuera de Andorra.