
No me atrevería a decir que exagere Pablo Molina cuando dice en LD que lo que pasa hoy en Catalunya es lo que ocurre “cuando se pone de responsable de la policía a un político de extrema izquierda que lleva media vida propagando la revolución”. Joan Saura recibe hoy como un boomerang las consecuencias de haber alentado siempre a la juventud a que cualquier excusa era válida para atacar al orden establecido, hacer la revolución, y de haber avalando a los más variopintos movimientos antisistemas, siendo este el más preocupante de los continuos y repetidos papelones que el sonriente conseller, su ex-mujer Imma Majol y gran parte de su elenco estable de IC-V han perpetrado desde que tienen una pequeña cuota de poder y de medios a sus disposición.
Pero Joan Saura ya hace tiempo que ha dejado de ser ese joven de sonrisa espléndida que estudiaba en la Escuela de Ingeniería Técnica: hoy, además de ser un cincuentón, aquel sonriente Joan es parte del Poder, es el Jefe de la Policía, el Comisario. Y queda claro que ese papel entra en franca contradicción con el contestatario joven del PSUC que seguramente habrá sido pero que hoy ya no le toca ser: ya no hay grises, ya no hay franquismo y difícilmente comulguen los casi 250.000 € que cobran entre el y su ex con aquellas viejas costumbres de los años 70. Queda claro que no lo han entendido y en este escenario actual el arquitecto del tripartito catalán, José Montilla, planificó al milímetro la caída político-mediática de los ex-comunistas dándoles la patata caliente de la policía y nuestro Joan, con aquella candidez de estudiante del Mayo Francés, la ha cogido con toda la palma y hoy se encuentra, ay, siendo todo aquello contra lo que basó su carrera política: el órden. Y luego de las infumables disculpas de Joan Saura ante los medios, luego de la represión de la semana pasada en el centro de Barcelona, hoy Montilla ha avalado la actuación de los Mossos y del rectorado de la Universidad de Barcelona, ningunenado y ridiculizando así una vez más al sonriente conseller.
Pero nada es casual, hagamos un poco de historia: corría el año 1999 y el hoy conseller Saura, siendo un oscuro diputado del grupo mixto increpó al entonces ministro del Interior Mayor Oreja en el congreso, textualmente diciendo que “ha incluido al movimiento okupa entre los violentos, y si algo caracteriza al movimiento okupa es la no violencia. Yo no sé si usted ha visto -me imagino que sí, por responsabilidad- las imágenes de lo que ocurrió. Eso nos metió en el túnel del tiempo. Ese día recordamos actuaciones policiales de épocas no democráticas. No había ninguna otra diferencia, señor ministro; la brutalidad de la carga, la batalla campal, las bolas de goma, todo igual”. Ironías del destino, nadie aguanta la hemeroteca y hoy nuestro político más antisistema puso la firma en la mas virulenta represión contra estudiantes de los últimos años en Catalunya, incluso entrando los Mossos d’Esquadra a la universidad, cosa que el hoy sonriente conseller también condenaba en 1999.
Está claro que no hay nada más fácil que estar en la oposición, y es por esto y por la marcha de los acontecimientos que, víctima involuntaria de su insoportable levedad de ser, el conseller Saura debería hoy mismo dimitir; hay elecciones europeas a la vuelta de la esquina y, si yo fuera asesor del PP o de CiU, bien que le endosaría al tripartito en general estas imágenes de estudiantes y fotógrafos molidos a palos que recorrieron las telenoticias de toda España de punta a punta.